El 13 de octubre de 1909, hace ahora cien años, moría fusilado en Barcelona Francisco Ferrer. Acusado de ser el responsable de los sucesos conocidos como la Semana Trágica, su muerte se debía realmente a la venganza fraguada entre ciertas órdenes religiosas (jesuitas y escolapios sobre todo), las capas más reaccionarias del ejército y el poder. Su auténtico "delito" fue crear la Escuela Moderna, un centro donde se impartía enseñanza racionalista y se practicaba la coeducación de sexos e, incluso, de clases sociales.
El personaje
Francisco Ferrer había nacido el 1 de enero de 1859 en el pequeño pueblo catalán de Alella. Su padre fue un modesto propietario que lo inscribe en un colegio clerical, aunque después le mandó a otro regentado por un maestro laico y liberal. A la edad de 13 años abandona la escuela para trabajar en las viñas familiares durante un año; después trabajará como dependiente en un comercio, y curiosamente es su patrón quien le inicia en el republicanismo. La lectura de la obra de Francisco Pi Margall (republicano federal y traductor de Proudhon) le marca profundamente; empieza su anticlericalismo.
En 1879 cambia de oficio y se hace revisor en los ferrocarriles, comenzando una etapa de incesantes lecturas y del aprendizaje del inglés y del francés. En esta época se hace masón y se casa con Teresa Sanmartí, matrimonio que no funcionará.
Sus inquietudes sociales le llevan a montar una biblioteca ambulante para uso de los ferroviarios y a apoyar un intento de pronunciamiento republicano protagonizado por el general Villacampa. Debido al fracaso de la intentona se ve obligado a huir y escoge París como lugar de exilio. Allí conoce a Ruiz Zorrilla, el líder indiscutible de los republicanos españoles exiliados.
Se emplea en varios oficios y pasa apuros económicos; se hace profesor particular de español y es así como conoce a las señoritas Meunié (madre e hija) que serán fundamentales en la realización de su posterior proyecto. Como le pasó a Malatesta, comienza a darse cuenta de que el republicanismo no ofrece una total emancipación del género humano, por su mantenimiento de los privilegios y de la explotación. Decepcionado por los republicanos, frecuenta a anarquistas como Paul Robin, Charles Malato y Jean Grave, con quienes comparte muchas ideas, fundamentalmente la de impartir una nueva educación para crear un hombre nuevo. Esa nueva educación está imbuida de los planteamientos pedagógicos más avanzados. Empieza a perfilar su idea de transformación social, que basa en el cambio de mentalidades, pues (influido por Kropotkin) cree que la revolución política no es suficiente por sí sola.
En 1894 se separa de su mujer (que le hiere de un disparo) y se une a Léopoldine Bonnard.
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IERRA Y LIBERTAD
OCTUBRE DE 2009
En esos años publica un Tratado del español práctico, quizá el primer manual que utiliza frases habituales. También por esa época emprende un viaje por varios países europeos, acompañado de la señorita Meunié (hija) y de Léopoldine. En este periplo conoce a Élisée Reclus, a quien deja impresionado con su gran capacidad, y se adentra en la obra de los grandes pedagogos, como Pestalozzi y Fröbel, aparte de visitar los centros pedagógicos más avanzados. Entonces piensa seriamente en crear una escuela en España donde poner en práctica todo lo aprendido.
La muerte de Meunié le dará la posibilidad, ya que le deja en herencia un millón de francos-oro para que realice su proyecto. Ferrer, aparte de con destacados anarquistas como Anselmo Lorenzo o Federico Urales, se relaciona con científicos renombrados como Odón de Buen o Santiago Ramón y Cajal. Unos y otros colaborarán en su proyecto de manera entusiasta.
Por fin, el 8 de octubre de 1901, abre su Escuela Moderna en Barcelona. Con treinta niños de ambos sexos y actividades extraescolares como conferencias dominicales, publicación de un boletín, excursiones, etc. Crea un patronato escolar con la vanguardia de la ciencia
del momento. A los ya mencionados Ramón y Cajal (neurólogo y premio Nobel) y De Buen (naturalista y creador de la oceanografía en España) hay que añadir los nombres de Rodríguez Méndez (jurista) y Martínez Vargas (pediatra).
En 1906 se casa el rey Alfonso XIII. Mateo Morral -bibliotecario de la Escuela Moderna- arroja una bomba al paso de la comitiva. No logra su intención y, cuando se ve acorralado, se suicida. Ferrer es detenido y procesado, pero finalmente es puesto en libertad al año siguiente por falta de pruebas. Pero su escuela permanecerá cerrada para siempre por orden gubernativa. Se le permite continuar con la editorial, que publica libros de texto de los autores más avanzados del panorama mundial. Anselmo Lorenzo colaborará traduciendo numerosos textos, entre los que destaca El hombre y la Tierra de Reclus. Igual que había apoyado económicamente el periódico anarquista La Huelga General, Ferrer apoya Solidaridad Obrera, portavoz de las sociedades obreras catalanas y germen de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT, fundada en 1910).
Tras el atentado de Morral, Ferrer se ha convertido en la "bestia negra" de los reaccionarios, que no dejan de insultarle en su prensa.
Paralelamente a las ediciones, emprende un viaje por Europa con su nueva compañera, Soledad Villafranca. En Bruselas crea la revista L'École Renovée con objeto de extender su modelo pedagógico. Allí trata con Ovide Decroly, una figura emergente de la nueva pedagogía, aunque no coincide con él en el proyecto sociopolítico ni en la finalidad de la escuela. En París crea la Liga Internacional para la Educación Racional de la Infancia. En 1909 se encuentra en Londres seleccionando libros interesantes para traducir y publicar, cuando se entera de la enfermedad de su cuñada y vuelve a Barcelona vía París. Se establece en su casa de Montgat, población cercana a Barcelona. Allí le sorprenderán los sucesos de la denominada Semana Trágica.
La insurrección contra la guerra
Desde los años 60 del siglo XIX, el ejército español había mantenido una serie de campañas militares en el norte de África, con no demasiada fortuna, pero al comienzo del nuevo siglo se había producido un conjunto de estrepitosos descalabros. Aumentaron las muertes en combate, y hay que tener en cuenta que a la guerra iban los hijos de las clases populares, pues pagando una cuota, los hijos de los ricos se ahorraban los sinsabores de la guerra. Tras una cadena de derrotas, en el verano de 1909 el gobierno llama a filas a los reservistas, lo que produce una honda preocupación, pues la mayoría son ya padres de familia. En Barcelona se produce un motín, alentado sobre todo por las mujeres, para impedir que los soldados sean embarcados con destino a África. La revuelta se generaliza en la ciudad y se levantan barricadas. Es la llamada Semana Trágica. Lo curioso es que la furia no se desata contra los edificios gubernamentales ni contra la burguesía (que alentaba la guerra para hacer negocios), sino que se concentra en centros del clero, fundamentalmente en conventos y escuelas religiosas. Esta revuelta anticlerical tenía mucho que ver con el odio de la clase obrera hacia los representantes de la religión católica, responsables del atraso y de la pobreza imperantes en España. En cualquier caso, el ejército tomó la ciudad a cañonazos, ejerciendo una dura represión.
Ferrer, que no estaba en la ciudad, fue acusado de instigador y condenado a muerte por un tribunal militar. Su defensor, un capitán honrado, no tuvo mucha oportunidad de defenderle en un proceso que, de antemano, ya estaba perdido.
Nada pudieron las voces que, de todo el mundo, se alzaron proclamando su inocencia. La Iglesia, la burguesía, el ejército, el Estado en suma, no le podían dejar continuar con su tarea de educación para la emancipación.
Hasta el último momento no dejó de proclamar su inocencia. Son épicas sus palabras ante el pelotón de fusilamiento: "Apuntad bien, amigos. Soy inocente. ¡Viva la Escuela Moderna!"
Su obra
Para conocer la obra de Ferrer no hay instrumento mejor que su libro (publicado tras su muerte) La Escuela Moderna, en el que traza sus planteamientos pedagógicos y las experiencias desarrolladas en los cinco años que permaneció abierta su escuela. Básicamente en el ideario de Ferrer la acción sociopolítica depende de la acción pedagógica, aunque también piensa que la revolución social necesaria no depende solo de la escuela, sino de los trabajadores organizados y conscientes. Crea una pedagogía en la que están ausentes los premios y los castigos, los exámenes y los concursos, donde el juego tiene una gran importancia, en estrecha relación con el trabajo, entre lo manual y lo intelectual. Es fundamental la coeducación de hombres y mujeres, y determinante la coeducación de ricos y pobres para fomentar la igualdad. Es básico respetar el desarrollo espontáneo de las facultades del ser humano. La educación se fundamentará en la ciencia positiva. En resumen, el fin de la escuela es formar criaturas que no tengan prejuicios, siendo libres, instruidas y justas.
Estas características inspiraron posteriormente un enorme movimiento de centros educativos, tanto dentro como fuera de España. Esa es la auténtica herencia de Ferrer. Como dijo de él Kropotkin: "Ahora está muerto, pero es nuestro deber explicar su obra, continuar difundiéndola y atacar todos los fetiches que mantienen a la humanidad bajo el yugo del Estado, el capitalismo y la superstición". Pensamos que, en el centenario de su asesinato, es oportuno hacerlo.
Alfredo G.